jueves, 31 de diciembre de 2009

50 cosas que voy (o quiero) a hacer en 2010

1.- Cortarme el pelo
2.- Comprarme una bicicleta (preferiblemente roja).
3.- Escribir hasta que se me cansen las manos o se agote mi imaginación.
4.- Hacer el Interrail.
5.- Perder el miedo a volar en avión.
6.- Aprender a dibujar aunque solo sea un poquito.
7.- Conocer personas maravillosas que van a formar parte de mi.
8.- Aprender a tocar la guitarra.
9.- Enamorarme ♥
10.- Sonreír.
11.- Ir a Finlandia.
12.- Superar este miedo estúpido a lo desconocido.
13.- Escribir un libro.
14.- Cuidar a los que me rodean.
15.- Llevarme a mi perro de vacaciones.
16.- Ir en verano a un campamento solidario.
17.- Hacer malabares delante de alguien que me importe.
18.- Que alguien me regale una cometa y quiera volarla conmigo siempre que haga viento.
19.- Hacerle una foto a un rayo.
20.- Escribir (más) canciones y que él las lea algún día preguntándose porque coinciden tanto.
21.- Conocer a alguien que me cambie la vida positivamente.
22.- Encontrar y comprarme la Supernintendo.
23.- Ganar un concurso de literatura.
24.- Estudiar más.
25.- Regalarle a alguien algo importante para mi porque me importa mucho.
26.- Dar muchas vueltas a una bola del mundo.
27.- Grabar un corte.
28.- Decir 'te quiero' más a menudo.
29.- Aprender a decir la verdad sin reírme.
30.- Aprender a quererte.
31.- Tocar mejor el piano.
32.- Escribir cartas y enviarlas a direcciones desconocidas.
33.- Actualizar más el blog.
34.- Ayudar en algo.
35.- Escribir un manifiesto y leerlo en Plaza Cataluña.
36.- Ver cómo se prohíben las corridas de toros, los circos, las fábricas de pieles...
37.- Paz.
38.- Conocer a un chico que se llame Nicolás.
39.- Seguir teniendo las ideas claras.
40.- Convencer a alguno de mis amigos para que deje de beber cuando salga de fiesta.
41.- Hacer una exposición de algo.
42.- Entenderte.
43.- Adoptar a otro animalito.
44.- Hacer muchas listas.
45.- Leerle algo que haga emocionar a mi hermana el día de su boda.
46.- Despedirme del 2010 haciendo esta lista pero para el 2011.
47.- Ver muchas, muchas pelícuas... y leer montones de libros.
48.- Ser menos cabezota y más cariñosa.
49.- Decorar mi habitación como siempre había querido.
5O.- No dejar de ser feliz nunca.



Bien, después de leerme blogs y blogs y fotologs y facebooks y tuentis y tumblrs y flickrs y twitters y todos los medios de comunicación, me temo que tendré que joderme y escribir una de esas actualizaciones donde se hace un balance general del año y tal y cual y bla bla bla.

No podré ser original esta vez.

Bien, pues allá vamos. Este año ha sido bastante positivo. Ha tenido cosas maravillosas. Realmente maravillosas. Aquí os cuento 30.

1.- Seguí teniendo a todas las personas que me importaron cerca.
2.- Conocí personas maravillosas que me cambiaron la vida.
3.- Toda mi familia estuvo sana y tuvo amor y felicidad.
4.- Mi perro me siguió queriendo todos los días demostrándomelo con esos besitos dulces que da
5.- Tuve un amor que desgraciadamente al final no pudo ser, aunque aprendí con lo sucedido.
6.- ¡Conseguí sacar buena nota en exámen de Latín!
7.- Hice un magnífico viaje por Italia.
8.- Conseguí tener mi primera réflex, a la que llamé Charlotte.
9.- Empecé este blog y gracias a eso conocí a maravillosas personas.
10.- Sonreí un trillón y medio de veces.
11.- Fui al concierto de los Jonas Brothers.
12.- Sentí el amor.
13.- Leí muchos libros que me ayudaron a ser más yo.
14.- Conocí (casi a finales, hace dos días) a una chica que se llama Marina.
15.- Y a uno que se llama Dani. A mis hijos voy a llamarlos así: Marina y Dani.
16.- Ese Dani se hizo importante para mi, igual que muchas otras nuevas personas que llegaron a mi vida.
17.- Oí el despertador cada día, estaba viva.
18.- Vi unos paisajes que nunca olvidaré.
19.- Tuve mejor relación con mi prima.
20.- Mi hermana nos dijo que se casaba
21.- Encontré mi colonia.
22.- Empezamos a pagar para un viaje a Amsterdam, este marzo.
23.- Fui a París con la gente de mi clase.
24.- Pude volver a hablar con mi primer amigo después de mucho tiempo.
25.- Mis amigos siempre estuvieron ahí para mi.
26.- Conocí grupos maravillosos.
27.- Gané un concurso de literatura y quedé finalista de otro.
28.- Conseguí sacar un 8 en un examen después de sacar un 2 en el primero.
29.- Me dijeron si estudiaba fotografía.
30.- Nunca dejé de ser feliz aunque lo que pasara fuera malo.

Y las malas... bueno, las malas no hace falta recordarlas. Pasaron cosas malas, claro, pero no voy a pararme a enumerarlas. Estarán ahí siempre, claro, pero me hizo aprender y crecer y madurar y mirar las cosas con otros hijos. ¿Qué suspendí filosofía? ¡Bueno! Tal vez este trimestre ya la entienda....

Pero quería dar gracias a todos por este año aunque sé que muchos no lo van a leer. A Fran, por estar siempre ahí aunque este año hubo una época en que nos distanciamos más, a Toni por sus risas constantes, a Stephany por saber mantenerme siempre a flote, a Mireia por sus interminables consejos y paciencia conmigo, a Aroa por ser tan dulce y estar siempre ahí, a Maria por siempre tener esa sonrisa ahí, a Cèlia por entrar en mi vida de puntitas pero siendo importante, a Noe que este año si nos conoceremos, a Ángela por esas largas conversaciones por el msn hasta las 2 de la mañana, a María por ser tan única, a Aku por tener siempre palabras dulces, igual que Raquel, a Dani por aparecer así de golpe en mi vida y ser tan importante, a Pau por enseñarme que aunque dos personas se quieran no basta, a mis padres por darme la vida, por quererme, por estar a mi lado aunque estuviera equivocada, por apoyarme siempre y por ser unos padres realmente guays a los que quiero con locura, a mis hermanos por ser también una de las personas que más quiero, siempre ahí, dispuestos a sacarme una sonrisa haciendo cualquier estupidez, por enseñarme que he de ser feliz digan lo que digan, a Jordi por haber conocido a Núria y hacerla feliz como hacía mucho que no la veía así, a Quintu, claro, por ser mi incambiable compañero de mini-depresiones de 10 minutos porque todo lo que me pasaba era que lo veía todo gris. Y sé que me dejo a alguna persona, pero todas han formado parte de mi este año. Gracias, de veras.
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Andrés y Favio. Favio y Andrés. Ojalá pudiera poneros a los dos de manera que no tuviera que escoger un nombre primero porque ambos habéis sido muy importantes para mí este año. He decidido hacerlo en orden alfabético. Sé que no os conozco mucho pero os quería hacer una especial dedicatoria a ambos, espero que os guste.

Andrés --> no sé realmente cómo llegué a tu blog o si llegaste tú al mío, no lo recuerdo, el hecho es que ahora es curioso porque cada vez que hago una entrada siempre veo un comentario tuyo y ¿sabes? me hace una ilusión tremenda porque pienso '¡mira! se lo ha leído! y me hace mucha gracia. Y aunque estemos a miles y miles y miles de kilómetros, cuando te leo, te siento cerca, a mi lado, como si te conociera de toda la vida... lo que escribes es realmente bello, me hiciste meterme dentro de cada una de tus historias... siempre me siento identificada con lo que escribes, supongo que es porque, al fin y al cabo, todos pasamos por algo así alguna vez. Por eso somos humanos. Espero de verdad que este 2010 que llega dentro de 45 minutos te traiga cosas geniales, tienes pinta de merecértelas, estoy segura... este año quiero leer en tu blog entradas alegres, desenfadadas, tiernas, enamoradizas... quiero que todo sea bueno. Nunca dejes de sonreír amigo (me tomé las confianzas de llamarte así, te siento así...) , espero que todos mis abrazos/besos te lleguen aunque nos separe un oceáno. Saludos. Feliz todo, amigo♥.


Favio --> Tampoco sé exactamente como nos conocimos, o si yo llegué a tu blog o tu al mío, bueno eso da igual... el caso es que conocí una manera de expresarse que hasta ahora había pasado casi desapercibida (la sinceridad)... siempre que te leía lo notaba todo tan real que creo que lo cogí para mi manera de escribir... hasta ese momento había escrito cosas que me habían pasado pero cambiándolas, desde entonces escribo lo que me pasa tal cual... creo que eso me ayudó. Y me siento contigo como tú contigo mismo... me alegro y sonrío cuando veo que escribes feliz y me siento mal cuando veo una entrada triste... igual espero que este 2010 solo pueda leer entradas buenas y felices. Y también me hace muchísima ilusión leer tus comentarios (igual que los de Andrés) porque ambos me demostráis que me leéis y sé que casi siempre entendéis como me siento, y me gusta cuando me dices cosas como 'no esté triste' porque me lo pienso y me digo 'es verdad, no vale la pena...' y me pongo bien de golpe. Espero de verdad que este nuevo año te traiga todo lo que deseas, te hiciste querer. Un abrazo, amigo, que todo te vaya bien

Para ambos --> Son mis dos usuarios favoritos. En serio. Sé que los comentarios de algunos usuarios vienen o se van, están dos días seguidos o desaparecen por meses... pero no, vosotros me habéis demostrado que si hay usuarios regulares y me lo demostráis en cada entrada... en las últimas 20 entradas o así tengo comentarios vuestros y eso me alegra, os siento TAN cerca que os imagino aquí a mi lado. He reído con vosotros, me he emocionado con vosotros, he llorado con vosotros, he compartido ilusiones y sueños y todo con vosotros... espero haber hecho algo por vosotros en este año. Habéis sido un pequeño regalo del destino que espero que este nuevo año augmente, conociéndonos más y leyéndonos más. Espero de todo corazón que todo os vaya super bien, es que los dos sois unos amores, tenéis pinta de merecerlo así que la vida ya se puede ir portando bien con vosotros. Este nuevo año os va a traer cosas maravillosas, estoy segura. Os haré unos regalitos para los dos, los colgaré a mi vuelta. Espero que os gusten. Felices campanadas, os quiero (si, siempre creí que costaba pero vosotros habéis hecho que aun estando lejos y casi sin conoceros os quiera... eso solo lo hacen las personas extraordinarias). Gracias por todo, de verdad. Feliz año. ♥.
___________

Este año querámonos un poco más.


Jud.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

El amor para toda la vida

Conversaciones de martes con más ternura que frío.

- Entonces... ¿tú crees en el amor para siempre?
- Bueno.. es complicado.
- ¿No crees que alguien se pueda querer toda la vida?
- Bueno creo que al final te acabas cansando de esa persona.
- ...
- Y entonces necesitarás buscar a otra con la que innovar.
- Pero puedes innovar con esa persona ¿no?
- Pero si una persona busca cambiar es porque 'esa' persona no quiere hacer nuevas cosas
- Bueno... no sé.
- Además estar con esa persona tantos y tantos años... tal vez se vuelve rutinario.
- No tiene por qué.
- A mi me asustaría.
- Ahmmm..
- Pero hay gente que lo está.
- Bueno tal vez...
- Además, a mi me hacen gracia que los niños de 13 y 14 años se digan que estarán juntos para siempre... eso con 13 es pasable pero con 16 ya no...
- Bueno, puede ser ese el caso de 1 entre 1.000.000.
- ...
- Pero bueno, ya te he dicho que el 'siempre' es muy relativo.
- Pero es que es mucho tiempo... además ... no sé.


He aquí mi opinión del amor para toda la vida:
Existe, pero no podemos tocarlo. Ni rozarlo con los dedos. Nos atrae pero nos asusta. Queremos probarlo pero nos da miedo caer en él. El amor para toda la vida es lo que vemos en algunas películas, lo que leemos en demasiados cuentos y lo que no creemos a no ser que estemos enamorados.
El amor para toda la vida nos lo vendieron un martes en que todos estábamos enamorados, un martes en que la lluvía nos mojaba y nos hacía sonreír. Es todo muy bonito.
'Voy a quererte siempre' es MUCHO más que una promesa. Es una forma de vida. Todos vivimos queriendo, claro, pero es muy fácil decirlo... decirlo no nos cuesta nada, es abrir la boca y soltarlo.. pero sentirlo.. sentirlo, amigo, sentirlo es mucho más complicado.
Yo alguna vez también creí en el amor para toda la vida pero dejé de hacerlo en el instante en que comprendí que TAL VEZ era una tontería. Tal vez es porque aun no he encontrado a alguien suficientemente suyo a quién poder decírselo, quién sabe... el tiempo nos hace aprender.



El amor para toda la vida es una mentira.
El amor para toda la vida es jodidamente real y verdadero.
Es una promesa.
Es lo que a veces decimos sin pensar.
Es lo que se prometen los amantes minutos antes de besarse.
El amor para toda la vida dura lo que 4.592 vueltas al reloj.
Dura lo que un suspiro, lo que un roce.
El amor para toda la vida fué un tópico aunque a día de hoy también lo es.
Ojalá creyera más en el amor para toda la vida, ahora espero que el tuyo sí lo sea.
El amor para toda la vida es aquí y ahora, tal vez mañana.
Es algo que aprenderemos algún día.
Aunque el amor para toda la vida también es bonito, por supuesto.

Gracias por la conversación de hoy. Te quiero ♥.-



Q u é f á c i l e s d e c i r "T E Q U I E R O " h o y en d í a ¿n o?

domingo, 27 de diciembre de 2009

Hoy hace un año...

... me dijeron que te habías ido y a día de hoy todavía no me lo creo.

Era 27 de diciembre. Llovía. Yo temblé y me dieron la noticia.


Nunca le he contado a nadie la historia, supongo que por miedo o por tristeza, o una mezla de ambas... no me sentía con fuerzas para explicárselo a nadie. Estábamos durmiendo y el teléfono sonó a las 3 de la mañana.. una llamada a esas horas nunca es para decir nada bueno. Mi madre lo cogió y yo me hice la dormida, aunque en realidad lo estaba escuchando todo. Entonces ella le dijo a mi padre que habían ingresado a mi abuela en el hospital porque le había dado una embolia. Y me pareció estúpido no saber qué era eso con 15 años, pero de eso ya me enteré a la mañana siguiente.

Al día siguiente mis padres me lo dijeron de la mejor manera que pudieron... nadie está preparado para decirle a su hija que su abuela está ingresada en el hospital. Me lo dijeron y yo... bueno, yo me derrumbé. Pero como tampoco sabía lo que era no le dí demasiada importancia... y cuando supe lo que realmente era me entró un miedo por todo el cuerpo que no sabría como explicar. Mi padre dijo entonces que iría a verla al hospital, lo que significaba ir de Barcelona a Madrid él solo, aunque mi madre le convenció para que se quedara aquí hasta que nos dijeran algo más. Me atemorizaba recibir una llamada. Me atemorizaba porque sabía que podía ser una que nos dijese algo que no quisiéramos escuchar.

Los días pasaron y el fin de semana fuimos hasta Madrid. Llegamos y nos encontramos con mi tía, mi hermana y su novio habían venido en avión mientras que nosotros habíamos ido en coche. Al llegar al hospital, al pasar por el jardín, al ver a mi tía allí... al ver todo eso comprendí la realidad de la situación. Y fue subir el pasillo, las escaleras... saludar a mi tía y que nos dijera 'cuando llegó nos dijeron que el daño era muy grande y que no tuviésemos esperanzas, pero mírala'. Yo entonces puse cara de no entender nada y temblé.

Y fuimos a la habitación y te vi allí estirada, con cables, una habitación tan blanca pero a la vez tan oscura... no lo sé. Me tiré a tus brazos para abrazarte, para respirarte, para olerte una vez más. Y me sentí increíblemente segura. Y tu me mirabas así, con esos ojos, con esa mirada en la que me decías 'tranquila demonio, te quiero, todo va a salir bien'... y yo me tranquilicé con solo mirarte.

Era una sensación tan jodidamente dolorosa y extraña al mismo tiempo...

Y yo contigo, a tu lado, me sentía tan bien. Incluso en esos días tu desprendías una armonía y una felicidad... ahí en la cama, viéndonos a todos, mirando la tele... todo se veía tan natural dentro de lo extraño..

Y bueno... nos despedimos porque teníamos que volver a casa, tú estabas sonriendo y eso a mi me transmitió mucha paz. Al volver íbamos llamandónos todos los días, y nos contaban como estabas... que no podías andar y que habías perdido la fuerza de la parte derecha.

Yo seguía teniendo fe. Tenía fe en que, a pesar de todas las dificultades, a pesar de los pronósticos, a pesar de los médicos, a pesar de TODO, tu te recuperarías... pero una embolia con 93 años no se pasa así como así. Y yo seguía creyendo que tu mejorarías, que pronto estarías en casa, con nosotros, abrazándonos, diciéndonos que nos portáramos bien... y esa fe que yo tenía tu cada vez la ibas convirtiendo en algo más fuerte. Supongo que todas esas tardes viéndote rezar en tu habitación, dando las gracias por todo, rezando por nosotros... yo creo que parte de mi fe es gracias a ti. Tú nunca te quejaste de nada, lo cogiste todo tal y como vino, nunca te oí decir nada malo de nadie y eras TAN buena... pero TANTO... y yo soy así por ti.

Yo de ti aprendí querer ser mejor persona, ayudar a los demás. Aun me acuerdo cuando te veía haciendo los pañales y te miraba, con una sonrisa, con ganas de besarte, y tú me decías bajito 'es para los leprosos, esto trae mucho trabajo pero tenemos que ayudarlos' y yo entonces te daba un beso y subía arriba, pensando que tenía suerte de haberte conocido. Y mi padre siempre hablaba tan bien de ti... y me alegro de haberlo podido comprobar a lo largo de 15 maravillosos años. 15 años en los que he podido conocerte...

'Estáte quieta, demonio' me decías siempre. A mi me daba mucha rabia que me llamaras así pero la forma en que lo decías era tan tierna siempre...

Para las vacaciones de Navidad mis padres bajaron a Madrid de nuevo. Yo me quedé con mis hermanos y bajamos a Osseja, a pasar unos días ahí. Me acuerdo cuando llegamos a casa con mi hermana para coger unas cosas y subir al coche. Y yo la miré con cara de no entender nada y en la curva para entrar en la carretera principal me miró y me dijo 'es cuestión de días...'

Y una lágrima corrió por mi rostro, y después de ésta muchas más... estábamos en Osseja viendo una película (La casa de cera...) y nos llamaron Lo cogió mi hermana y nos dijo que hablásemos, que tú nos estábamos escuchando... en ese momento no lo entendí pero tiempo después descubrí que esa llamada fue la última vez que escuchaste nuestra voz. Y yo no lo sabía y creo que me dejé tantas cosas por decir... me hubiera pasado horas y horas diciéndote tantas y tantas cosas que ahora ya no puedes saber... y tu no podías hablar y ahora que lo sé me siento tan rematadamente estúpida, imbécil y todos esos adjetivos por no haberte dicho 100 veces un 'te quiero' para que lo supieras...

Y después, el 27, mis padres me vinieron a buscar a casa de mi tía y volvimos a casa. Me acuerdo que llovía porque yo estaba pintando dibujitos en los cristales. Y cuando llegamos a casa y entré en el baño a buscar una toalla vino mi padre por detrás... 'bueno, seguramente ya te lo imaginas...' y como días antes habían llegado las notas yo pensé 'lo siento, el próximo trimestre intentaré mejorarlas, lo prometo', pero los tiros no iban por ahí,no... 'se ha muerto la abuela'.

Todo tembló. Yo me rompí en mil pedazos. Me quedé mirándolo con una cara de 'es broma ¿no?' y rompí en un llanto que todavía recuerdo. Abracé a mi padre y una de las primeras cosas que pensé fue 'lo siento tanto papá...' yo a mi abuela la adoraba tanto.. pero mi padre... mi padre la quería mucho. Para él era como una reina, era su ejemplo a seguir, la trataba con tanta delicadeza y tanto amor... como se trata a una madre, vamos. Y me sentí tan mal por él pensando que ahora que mi abuela se había ido y mi abuelo también pero muchos años antes, él estaba como huérfano... y le abracé... por mi, pero mucho más por él.

Y cuando me dijo 'pero ella ha estado preguntando por ti hasta el último momento' me odié a mi misma por no estar contigo en tus últimos momentos. Por no haberme podido despedir. Joder...

Después me fui a la habitación y apagué la luz. Las sábanas eran azules y yo me puse a llorar. Lloré durante mucho rato, supongo que tanto rato como se llora por una abuela que se ha ido, y después vinieron mis hermanos a cenar y me tranquilicé un poco.

Y hoy... sentía miedo de este día. Me dolía mucho.. y cuando mi padre me dice esas cosas de 'hace mucho que no hablamos de la abuela, aunque ya no esté podemos hablar de ella, a ella le gustaría..' yo me rompo por dentro e intento cambiar de tema, no por nada, sino por el dolor que me produce recordarla.

Y cuando discuto con él y me encierro en mi habitación me recuerda un hecho que le pasó... y que cada vez que me lo cuenta me rompé el alma. 'Judit... por favor... cuando a mi padre le operaron del corazón, antes de entrar a quirófano, no le dije que le quería... pensaba que todo saldría bien... pero entonces, cuando se murió, me apené tanto por no haberle dicho lo mucho que le quería Judit... y ya sé que él se fue sabiéndolo, pero me duele tanto aun...nunca pierdas la oportunidad de decirle a alguien que le quieres...'

Hoy, día 27, vuelvo a recordarte con una intensidad aun mayor.. Esto que voy a escribir ahora va dedicado a ti, abuela, que aunque no puedas leerlo estoy segura de que si puedes sentirlo.

Abuelita... te echo de menos. Mucho. Y sé que estás conmigo, eres parte de mi... pero no puedo evitar llorar como una tonta cuando pienso que no podré llamarte ni hablar contigo. Ni abrazarte, ni entrar a escondidas en tu cuarto, mirarte mientras te maquillas y decirte 'estás tan guapa...' Todo el mundo lo decía... eras preciosa. Esos ojos azules marcaban como eras: la persona más dulce y buena del mundo...
Cuando miro al cielo siempre SIEMPRE pienso en ti... pienso que en alguna de esas estrellas que brillan estás tú, vigilándonos, cuidándonos, preparada para enviarnos fe si es que nos falta...

Quiero darte las gracias por todo lo que me enseñaste. Me enseñaste a querer, sí, algo tan complicado... no lo sé... me enseñaste a querer sin condiciones, a estar ahí para todos, a no mentir ni a querer el mal para nadie... y yo siempre te miraba con tantísima admiración... eras todo lo que yo quise ser. Y me encantaba escuchar tus historias, y que nos contaras chistes, o incluso me acuerdo de aquella conversación en el hospital entre Paloma y tú:
Paloma- ¿Cómo se llama el novio de Núria?
Abuela- Jose
Paloma- No, Jose no, Jordi.
Abuela- Bueno, Jose y Jordi que son lo mismo,..
Y yo me reía porque eras tan ingeniosa... y odio todas esas oportunidades que perdí de estar contigo.. o incluso aquella vez que nos enfadamos porque tu querías ver 'Amar en tiempos revueltos' y yo 'Lizzie McGuire' porque sé que te hice pasar un mal rato y me siento tan mal...

Hoy quiero decirte que no te he olvidado abuela, que siempre vas a estar en mi.. eres parte de mi. Nunca dudes ni por instante, estés donde estés, si te he olvidado porque la respuesta es un rotundo NO. No voy a hacerlo nunca, vas a estar siempre aquí... tu vas a seguir a mi lado, en mi corazón, dándome fuerzas y haciéndome ser mejor.

Te quiero mucho. Muchísimo.

Espero que nunca lo olvides, por favor...


Yo creo que el día 27 de diciembre del 2008 llovía porque Dios estaba tan triste por alejarte de nosotros que también lloró. Quizás es una estúpidez pero yo lo siento así.

27/12/2008-27/12/2009
Siempre estarás aquí conmigo, cerca, siempre notaré tu respiración♥.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Eres lo que nunca quise ser (y sin embargo aquí me tienes... esperándote).

A veces me gusta recordar que las cosas antes eran mucho más fáciles aunque ahora sean mejores. Tú me solías decir que la última estrella era siempre la más cercana y yo recuerdo que solo te miraba y sonreía. Era todo genial. Era todo sincero. Con eso bastaba.

Pero un día tu empezaste a cambiar y yo no quise cambiar contigo... entonces creo que me acordé de todo lo que un día me dijiste... o lo que me escribiste... o creo que recordé la manera en que me mirabas (tan dulce y a la vez tan ardiente). Y descubrí que tú ya no eras el mismo. Habías... habías roto con todo lo que me habías dicho alguna vez. Entonces yo empecé a interesarme por el alfabeto y descubrí muchas otras letras que me daban más que tú.

Hoy iba a decirte que te echo de menos pero mejor no. Así es mejor. (Escúchame)

Una vez tuve un ENAMORAMIENTO pero lo perdí. (A día de hoy todavía me pregunto si eso tuvo algo que ver...)

miércoles, 9 de diciembre de 2009

El chico que temía que le quisieran...

...y prefirió callarse antes que arriesgar.



Un día, ahora no recuerdo cuál, me acuerdo que era otoño y llovía en las calles. Nosotros resguardados parecíamos ser los únicos del pueblo; tampoco me desagradó la idea. Entonces él empezó a explicarme que su color favorito era el verde; su animal era el oso, que tenía ganas de que fuese verano para dejar de estudiar, que su grupo de música favorito era Nirvana. Yo escuchaba atenta haciendo ver que me interesaba, pero lo único que de verdad quería hacer en ese momento era besarlo. A veces pienso que tal vez si lo hubiera hecho... no sé, las cosas habrían sido distintas. Total, que fuera seguía lloviendo y cada vez más intenso, yo ya tenía frío, las manos me temblaban y los ojos se me hacían pequeños. Quedarme dormida ahí habría sido demasiado fácil. Yo le conté entonces que una vez conocí a un chico que me dijo que lo daría todo por mi pero que se había cansado y que se había ido con otra, probablemente más idiota que yo, que se había encandilado con dos palabras dulces sacados de una página de internet cutre. Y yo le miré y él me sonrió y pensé que era maravilloso estar hablando con él. Y después, cuando ya nos habíamos explicado todo lo que teníamos que contar, nuestras vidas, nuestros amores, nuestro primer enamoramiento, como se llama nuestra mascota y infinidad de cosas estúpidas como éstas además de adivinar que su objeto favorito era una cometa le miré a los ojos y le dije:


- ¿Y tú no has querido a nadie?
- Sí... pero me dio miedo que ella me quisiera a mi también.



De repente me sentí tan reflejada en sus palabras que creí que era yo de quien hablaba.
TE QUIERO
me alegró tocar el cielo contigo.
:)

martes, 8 de diciembre de 2009

Convénceme.



Yo antes creía en muchas cosas, pero hay un día que dejas de creer. Dejas de creer y ya está.

Porque yo no quise tocar el cielo si no era contigo.

Y a día de hoy tampoco quiero.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Aléjate de mi

Cuantas veces dije esa frase y cuantas recé para que fuera real. Cuantas veces creí que si tú lo entendías, si tú realmente querías darte cuenta, todos nuestros problemas se acabarían. Cuantas veces juré odiarte para después acabar queriéndote incluso más.

Recuerdo igual que tú el día en que, por primera vez, te miré estando enamorada. Era otoño. Lo recuerdo porque a mi paso las hojas caían y tú me mirabas distinto. Yo creía como tantas otras veces que las cosas no cambian por mucho que queramos hacerlas cambiar, y, por supuesto, tú me lo demostraste cientos de veces. Y recuerdo el tocarte la mano sin querer y creer que no había una sensación más agradable en todo el mundo.

Me intenté hacer creer a mi misma tantas veces que no podríamos estar juntos que supongo que, al final, me lo creí. Y no me gustaba la idea. Creo que a ratos libres me imaginaba a ambos estando juntos tardes y tardes. Creo que ganaría el premio a la soñadora del mes. Creo que cada día te quería mucho más. Supongo que me gustaba un poco saber que tenerte sería complicado. Creo que, al fin y al cabo, todos hemos preferido algo difícil a algo extremadamente fácil. Creo que hoy te quiero más que ayer.

Me gusta mucho recordar la primera vez que te sonrojaste por algo que dije yo. Ese día comprendí que en el fondo yo te importaba un poco. Sólo un poco. Pero que te importaba. Y sabes perfectamente que eso era más que suficiente para hacerme sentir extrañamente bien.

Nunca entendí (y creo que a día de hoy todavía no lo he entendido del todo) por qué quererte tanto siempre fue un problema. Supongo que, como siempre, mirarte y sonreír sin que me vieras fue más que un juego. Supongo que, como yo, te diste cuenta mucho antes de que pasara todo esto que yo lo habría dado todo por ti.

Y quiero que me contestes, de verdad, al por qué fue todo tan jodidamente complicado si ambos nos queríamos. Aunque, claro, ahora eso ya da igual. Ahora ya nada importa demasiado por que estás conmigo. Ahora ya sé que eres un poquito mío.

Puede que aún recuerdes por qué te quiero tanto.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Diciembre se escapa de nuestras manos

- Y siempre voy a estar contigo.
- No digas tonterías. Esas cosas no se pueden decir... ya sabes que 'siempre' es mucho tiempo.
- Pero yo te lo juro... te lo juro porque no he estado más seguro de nada en mucho tiempo.
- ¿Aun cuando llueva tanto que se borren las líneas de las carreteras?
- O incluso más...

Cómo convertir una tarde de domingo en algo excepcional volumen I.

Róbame (que me dejo..)

viernes, 27 de noviembre de 2009

Supongo que en el momento en que te preguntas si algo ha cambiado es porque ya lo ha hecho.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

¿Vas a decirle que la quieres?

Ella sale de casa y ni siquiera se da cuenta de que se ha olvidado las llaves dentro. Dirige sus pasos por las calles de Madrid mientras no mira a su altura. Tiene miedo de hacerlo. Él le dijo una vez que si lo hacía se marcharía en ese mismo instante. "Haz lo que quieras, pero yo tengo el adiós a mi lado...". Entonces baja las escaleras del metro y se siente segura. Se quita el gorro y una preciosa melena despeinada cae sobre su espalda. Vuelve a acordarse de lo que le prometió el último día que se vieron. Vuelve a recordar que fue a la persona que más quiso. Y entonces cae en la cuenta que no es lo que un día juró ser y se encuentra una flor roja encima del asiento 33.

martes, 24 de noviembre de 2009

Me dueles cuando me miras así

Daniel siempre fue mi nombre favorito.

(no sé qué tendrán las entradas cortas, que siempre son mis favoritas).
Me gusta verte sonreír.
Me gustas hasta cuando no me miras.
¿Puedes recordar el día en que te quise?
Todo está bien ahora mismo. Soy muy feliz.

Favio siempre consigue arrancarme sonrisas.
Tal vez es pensar en tí y que absolutamente todo se vaya colocando en su sitio.

Tal vez es que me haces sentir mejor.
Sabes que vas a tenerme siempre para tí.

No sabes el poder que tienes sobre mi.
Quiero que sea verano.
Al final resultará que todos somos el resultado de una extraña combinación de sonrisas, miradas y matemáticas aplicadas a la vida. Quiero que sepas que voy a estudiarte para aprenderte (aunque ya sé que nunca voy a hacerlo del todo).
9.

lunes, 23 de noviembre de 2009

sábado, 21 de noviembre de 2009

Cuando tú no estás conmigo (Prólogo)

Os dejo el prólogo de la novela que espero acabar algún día, cada sábado colgaré un capítulo. Os deseo un genial fin de semana mientras yo me lo paso entre hojas de castellano, latín, inglés y historia.

CUANDO TÚ NO ESTÁS CONMIGO.


Prólogo

Y tenía tan mala suerte que tuvo que conocerlo por casualidad.

Ella tenía tantas ganas de conocer mundo que a menudo olvidaba seguir las normas, lo cual lo llevó a las mejores y peores cosas de su vida. Caminó por miles de calles que se hizo propias, conoció más sonrisas de las que quiso en un principio, consiguió aprender a tocar el piano, a viajar en globo y a abrazar a las personas sin que se lo pidieran. Pudo conocer a personas especiales y dudó en miles de ocasiones, pero le daba igual porque en ese momento era feliz. Nada en su vida era normal, aunque ella quería que lo fuese. Es raro, ilógico. Irreal. Tenía en sus manos las ideas de ella, de él y de todos, pero las cambio en una partida de póker por algo que ya ni siquiera recuerda. Casi descubrió que su vida era un engaño, aunque ya lo pensaba desde hacía tiempo, solo que aguantaba un poco más para saber si tenía que actuar. Y se decidió por quedarse callada en un rincón. Y ese fue, probablemente, uno de los peores errores de su vida.

Le encantó que hiciera todas esas cosas que él ya no recuerda… como dedicarle esa canción.

jueves, 12 de noviembre de 2009

El 27 de noviembre en que me enamoré de tu sonrisa.

Las 12 de la noche tocaron cuando menos se lo esperaban. Y entonces se arrepintieron de no haber saltado por ese precipicio. Tal vez les habría salvado la vida. Tal vez ahora no tendrían que enfrentarse a lo que se tenían que enfrentar. Tal vez si no se arrepintieran tanto tendrían tiempo para pensar cómo salir de allí.

Paolo respiró y le cogió la mano a su hermana. Él, en un intento desesperado de supervivencia, empezó a correr haciéndole hacer lo mismo a ella. Él iba delante, daba zancadas enormes, los pájaros se quedaban atrás si es que el mundo iba al revés. El aire entraba en ellos casi al mismo tiempo que lo abandonaba y el corazón no podía ir más deprisa. Ni siquiera sabían por qué calles estaban corriendo. Oyeron detrás suyo un ruido y se giraron apresuradamente. Paolo cogió a Lizzie en brazos y plantó cara al peligro. O a lo que él creía que era el peligro.

Comprendió entonces que todos esos meses fuera de casa, todos los fines de semana que había mentido a sus tíos, todos los robos, todo, absolutamente todo, no había valido para nada. Y le jodió saber eso. Estaba jodidamente convencido de que todo hubiera seguido otro curso si él hubiera dicho la verdad.

Lizzie no lo creyó del todo, por cierto. Y aprendió que los días pares no son buenos para decir la verdad.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Él se escribe con sonrisas.

La luz disminuyó y el mundo pareció detenerse. Se miraron directamente a los ojos y se arrepintieron. Se acordaron de todos los otoños que habían pasado juntos y se odiaron por hacerlo. No querían volverse a ver pero lo hacían constantemente. Se seguían queriendo. Mucho. Demasiado. Se querían de la peor de las maneras. Se odiaban de la mejor de ellas. Decían que no pero sabían perfectamente que desde que se habían separado las cosas no habían ido bien. Él había sido un auténtico capullo con todas las personas y ella había roto todo su mundo. Pero no iban a decirlo. Eran demasiado orgullosos. Pero qué más da ya. Eran unos orgullosos enamorados que no se tenían el uno al otro. Las sonrisas se escaparon. El suelo tembló. Nada sería como antes. Lo sabían y pensaron que todo, antes, era perfecto. Darían lo que fuera para que todo volviera a ser como hace 3 años. Regalarían todas las tormentas. Escribirían con sangre que no pueden vivir el uno sin el otro. Pero no lo harían porque eran unos putos cobardes.

... al final resultará que las matemáticas si son exactas.

lunes, 2 de noviembre de 2009

73 sonrisas mientras yo te comía con la mirada...

Martes.

Ada tiene el presentimiento de que está lloviendo. Sale apresuradamente al balcón y miles de gotas le impactan en la cara. Hace poco que ha salido el Sol, las calles están desiertas. Coge su abrigo y un gorro. Y no se olvida de su bufanda, por supuesto. Abre la puerta y sale corriendo. Por las calles solo se ve la ve a ella. La acompañan unos rayos de luz. Salta y sonríe. Hacía mucho tiempo que no hacía eso. Para cuando quiere darse cuenta está mojada de arriba a abajo y está estornudando. Sonríe por eso y salta encima de un charco. Con la mano derecha se quita el gorro y vuelve a saltar. Se quita las gotas de la cara, se revuelve el pelo y piensa que nada puede ser más perfecto.

Miércoles.

Ada está en la cama y su mejor amigo es el ibuprofeno.




Creo que mi imaginación está de viaje por alguna parte que desconozco y que mi bola del mundo no gira hace demasiado. Yo también estoy ibuprofénica. Nada puede ser más perfecto, pero a lo mejor el viernes me parten el corazón. Feliz semana.

domingo, 25 de octubre de 2009

Psicología barata para mentes bipolares

Estelle tenía diciesiete años y ganas de conocer lo que era el amor de verdad. Había conocido a un par de capullos que le habían lastimado un poco el corazón, pero nunca les había dado demasiada importancia. Un día que nevaba y las estrellas habían salido antes de tiempo encontró un viejo diario roto en el trastero de su casa. En la tapa había una estrella ya casi borrada por el paso de los años. Sus dedos temblaban pero no pudo evitar la curiosidad de abrir y empezar a leer.

"(...) es esa sensación de que todo gira entorno a algo
que nunca habías creído posible. Y no me creo
capaz de mirarle a la cara y no sonreír como una tonta".
Estelle sonrió de una manera muy infantil y empezó a creer en los amores de verdad. Los había soñado miles de veces pero nunca había besado a un chico. Aunque tampoco tenía mucho interés porque estaba muy ocupada en el grupo de matemáticas avanzadas. Estelle era una soñadora innata y tocaba el piano.
Estelle se dio cuenta de que nunca encontraría a nadie que la quisiera tanto como ella. Porque, razonó, el amor que le doy yo a alguien es inversamente propocional a las ganas de él de verme, que elevado a equis da todas las palabras que él nunca me dirá y multiplicado por 6 da todo lo que yo me callaré. El resultado final, será, por supuesto, un corazón roto y unos decimales que ya nadie recordará...

jueves, 15 de octubre de 2009

Cinco maneras de decir 'te quiero' sin que duela.

Hoy voy a contarte quince secretos que no sabías pero que vas a saber a partir de ahora. Te lo juro.

1. Tus ojos me recuerdan a cómo era yo antes de empezar con todo esto.

Un helado para que no duela tanto.
2. Puedo saber lo que estás pensando sin que me lo digas. Y tengo al intuición de que pasa lo mismo en dirección contraria.
Rózame las ganas de verte.
3. Me gustaría decirte que todo es tan sencillo como lo era hace unos años, pero no puedo.
Nunca voy a creerme que has inventado una sonrisa.
4. Puedo estar callada durante horas y ser feliz de la misma manera que lo sería hablando hasta cansarme.
También me gustaría pensar que es para siempre.
5. Sueño constantemente con tu sonrisa ahogada en una carícia.
¿Te acuerdas cuando me prometiste el mundo?
6. Estaría bien saber que por una jodida vez hablas de verdad. Me gustaría creerte y saber que ésta vez no voy a caerme.
Me pareció un amor de verdad. Uno sincero.
7. Tengo unas tremendas ganas de irme en tren a alguna parte de Europa. No me importa dónde. Puedes decidir tu, si quieres.
Y de vez en cuando la melodía de tus manos.
8. Siempre que estuve delante de ti me puse a temblar. Quiero que sepas que si lo hice, cariño, fue porque necesitaba hacerlo. Sería demasiado obvio hacer cualquier otra cosa.
Mejor olvidar todo esto y volver a empezar.
9. Si supieras todas las veces que me has roto el corazón...
Dímelo de la mejor manera posible y te creeré.
10. ... y lo has vuelto a recomponer con solo unas palabras.
Prometo llorar más y crecer menos. De verdad.
11. Es fácil hacerme sonreír si sabes cómo.
Como cuando te decía que te regalaría el mundo. Y tú solo dijiste 'déjame quererte'.
12. Ahora he descubierto que todo es más bonito. Que tengo un montón de cosas por las que sonreír. Y no voy a desaprovechar ni una sola oportunidad más. Sí. Tu te lo pierdes.
Todas y cada una de las veces que te quise de mentira.
13. No habría mejor regalo que una tormenta para mi cumpleaños. Y frío. Mucho frío (tal vez si te acuerdas, un abrazo...)
Y todas y cada una de las veces en que lo hice de verdad.
14. Es divertido conocer personas aunque estén en la otra parte del país. Es más, diría que es necesario. Un poco. Solo un poco...
Susurráme todo lo que nos prometimos un día de lluvia.
15. Creo que tengo un infarto y que es por ti. Haces que me lata más fuerte el corazón.
Tú me dijiste 'te lo prometo' y yo te creí.
Vas a decirme que me quieres pero que sólo quieres ser mi amigo, que me quieres pero que esto no puede funcionar. Vas a decirme que me quieres pero que es demasiado temprano, que me quieres pero que todo está en nuestra contra. Vas a decirme que me quieres de verdad (y este es, quizás, uno de los que más duela...).
Qué fácil es sonreír cuando (casi) todo va bien ;)

jueves, 1 de octubre de 2009

Entonces cállame

El día se hizo un poco noche y el mundo pareció detenerse en frente de tus ojos.

Mis labios no consiguieron pronunciar una palabra sensata en al menos siete vueltas al reloj. Tú, callado, intentabas esconderte, hacerte parte de la calle. Duele saber que la estás cagando y que no puedes hacer nada. Duele saber que el amor se escapó entre mis dedos al mismo tiempo que lo hacías tu también.

Susurré varias veces intentando no parecer yo, pero la honestidad de mis gestos te hizo entender todo lo que te quise decir incluso antes de que saliera de mi boca. Como una melodía el viernes por la noche.

El momento se hizo eterno pero fugaz al mismo tiempo.

Qué irónico.

No te dije nada pero sin embargo te lo dije todo. Es lo malo de ser como soy. Demasiado previsible. Me juré odiarte, no volver a hablarte nunca más, a olvidarme de que existías. Me lo prometí a mi misma como los niños que prometen portarse bien. Pero esa promesa se rompió tan rápido como el abismo entre tus manos y mi felicidad.

Intenté entender que si era eso lo que tú querías yo lo aceptaría y me callaría. Me lo dije una y mil veces pero la situación se volvió amarga y temblé tanto que me pareció convertirme en último otoño que pasamos juntos.

Nunca olvidaré la cara que pusiste cuando te dije lo que tanto temíamos pero queríamos también. O de cómo el cielo se hizo oscuro con un pequeño trozo de corazón.

Ese día no entendí nada y el mundo se volvió loco. El Sol era una bombilla cerca de mi piel, que me quemaba las ganas de pensar en todo lo que había sucedido. El suelo parecía una cinta de aeropuerto porque, aunque estábamos al lado, yo parecía alejarme cada vez más. Y pensé en que el mar era más sabio que nosotros juntos.

Todas las cosas seguían su curso irremediablemente, nadie podía pararlo. Sería como intentar creer que la Luna no ha sido inventada para ti.

Creo que, a día de hoy, todavía no he entendido del todo porqué te estuve diciendo a gritos que te quería cuando tu parecías no escucharme. Y porqué precisamente hoy me acuerdo de todo eso. Será porque en el fondo, muy en el fondo, nunca he dejado de esperarte.

viernes, 25 de septiembre de 2009

¿Recuerdas qué fácil era todo?

A día de hoy yo todavía no lo he olvidado.
Tienes las cartas tiradas a un juego al que ni siquiera decidiste jugar. Y no te entiendes a ti mismo cuando lo único que necesitas es un abrazo. Solía pasarme como a ti; hasta que entré en razón y comprendí que muchas veces sólo bastaba una sonrisa para arreglarlo todo. Una sonrisa sincera. Ya sabes... de las que tú nunca utilizaste. De las que ni siquiera te acuerdas porque siempre mirabas en otra dirección cuando yo pensaba que ambos mirábamos en la misma.
Todavía recuerdo el abril de hace dos años cuando nada parecía poder ir mejor. Qué tonta soy, ostias. Tenías la sonrisa rota de tanto mentir y yo intentaba recomponerla trozo a trozo, intentando no dañarte para no dañarme a mi también.
No hay nada que me ponga más nerviosa que no poder escribir algo decente. ¿Adivinad? Estoy nerviosa.
Guárdate tus promesas para quién te crea...

domingo, 13 de septiembre de 2009

C'est la vie

Porque podría habértelo dicho pero habría sido un suicidio.

Tomé un aire y pensé que eso no podía ser tan difícil. Bueno, en realidad lo era y mucho. ¿Qué se suponía que estaba pensando? ¿Qué era eso que sentía? Le miré a los ojos con ilusión pensando que a lo mejor él podía sentir lo mismo. Solo buscaba mi oportunidad entre ese millón de posibilidades.

Un trueno retumbó todo el cielo y pequeñas gotas de agua empezaron a caer del cielo, aumentado la intensidad de las gotas a una velocidad increíble. Para cuando quise darme cuenta las gotitas caían con tal fuerza que me hubieran podido perforar el corazón. Pero ya lo estaba.

Le miré directamente a los ojos, sabía que era su punto débil. Su cara estaba empapada. No me importó demasiado. No sé exactamente el tiempo que nos quedamos mirándonos pero seguro que es más del que recuerdo. Acerqué temblando mi mano hacia su cara: el miedo al rechazo era peor que no habérselo dicho nunca.

La posé en su mejilla, esperando y deseando casi con una fuerza que no tenía que no me la apartara, que me la acariciara y me contestara lo que tanto deseaba oír. Pero para ilusa yo.

La calle estaba desierta. Estábamos en medio de la carretera y la lluvia ya era terriblemente intensa, aun así la seguí amando. Aparté un momento la mirada para tomar un respiro y después volví a mirarle a los ojos. El no entendía nada pero estaba seguro de que lo entendería dentro de poco.

Acerqué mi otra mano a su estómago, sabía que eso le tranquilizaba así que lo hice. Y lo haría mil veces más. Y nunca me cansaría.

Intenté decir algo pero los nervios me jugaron una mala pasada. Y él solo me miraba con cara de no entender nada. ¿Era posible que todavía no lo hubiera entendido?

Tenía que decírselo, no aguantaba más. Y hablé.

- Te preguntarás porque te he hecho venir –me quité con la mano las gotas de mi cara- y realmente ahora podría decirte alguna cosa como “tenía que darte un libro” pero no sería verdad, y ya sabes que yo no te quiero mentir…

Él se mordió el labio inferior.

- Y también te preguntarás porque llevamos 10 minutos bajo la lluvia sin decir absolutamente nada –me tiré el pelo a un lado- pero te lo voy a decir…

Cogí aire y me dispuse a decírselo.

- No entiendo cómo ni por qué pero… -dudé- te quiero.

Su cara era un mapa. En serio. Nunca me gustó esa expresión pero era exactamente eso. Un mapa. Me dispuse a explicárselo todo.

- Yo en realidad nunca había querido a nadie como te he querido a ti. Supongo que estar contigo todo este tiempo me ha servido para darme cuenta de que tú eres la persona con la que quiero estar. Es decir… -reí- si tuviera que estar con alguien muy probablemente sería alguien como tu. Y yo no quiero. No quiero estar diciéndotelo porque eso significa que te estoy diciendo mi mejor secreto, pero tu ya los sabes casi todos.

Me miró extrañado.

- Con esto no te pido que dejes a tu novia ni nada, sé que no lo harás. Es solo que no aguantaba más viéndote cada día. Que me moría cuando me regalabas una de tus sonrisas. O cuando me rozabas la cara o entrelazabas tus dedos con los míos –volví a reír estúpidamente-. Solo quería que lo supieras.

Me abalancé sobre para abrazarlo y el respondió. Y nos quedamos abrazados durante dos minutos. Pero me supieron a poco. Le miré con cara de cómplice y me alejé. Mientras me alejaba pensaba en lo complejo que todo había sido. Él, mi primer amor.

Nunca lo entendí (y creo que a día de hoy tampoco lo he entendido del todo). Él y yo nunca volvimos a hablar. Un tiempo más tarde conocí a otro chico. Pero mentiría diciendo que no pensaba en él cuando estaba con el segundo. Que me imaginaba que era él el que me tocaba, el que me susurraba a la oreja, el que me decía “te quiero”. Nunca dejé de imaginarme ni por un día que tú podrías aparecer por la puerta diciéndome que tú también me querías. O que no. Pero de eso me enteré después…

C’est la vie. Pero nunca te lo quise decir…

martes, 8 de septiembre de 2009

O regresas o quédate.

Él pudo darle a entender en cualquier momento que ella era solo un juego. Solo un minuto. Solo un estado de ánimo. Pero no lo hizo y sólo él sabe por qué. En realidad la quería.

Eran las 6 de la tarde del 29 de octubre. El cielo estaba oscureciendo y ellos sólo se miraron. Sólo eso. Estaban a dos metros de distancia pero parecía que estaban el uno delante del otro. Ella se mordió el labio inferior, dándole a entender que le necesitaba. Qué triste era que ella se hubiera enamorado perdidamente de él cuando él solo la quería como a Lucía “la prostituta del barrio Norte”.

Él se humedeció los labios y la miró con mirada de tiburón.

- Yo… bueno, yo lo siento…

Él la comprendió… él también estaba arrepentido. -

- Yo lo siento aquí dentro –dijo tocándose la parte izquierda del pecho- siento que sólo late porque tú lo haces latir. Yo lo siento aquí –esta vez se tocó la cabeza- porque se me enredan las palabras cuando te quiero decir cualquier cosa. Y yo lo siento aquí –se tocó los dedos de las manos- porque cuando te acercas me tiemblan.

Él chico se quedó callado y una fina capa de lluvia empezó a impactar sobre ellos dos. A él le encantaba la lluvia, y a ella sólo le encantaba porque sabía que a él también. Eso de que te agrade algo solo para compartir más cosas con alguien. Todos lo hemos hecho.

- Yo… yo te quiero. La chica se enrojeció rápidamente y bajó la cabeza en dirección al suelo. Él sólo la miraba y estiraba los dedos de las manos.

- ¿Estás loca?
- ¿¡Eh!?

Un tremendo silencio se interpuso entre los dos y él sólo pensó que todo se estaba yendo a la mierda. Le jodía demasiado que sólo ella supiera cómo era en realidad. Que solo pudiera ser el mismo con ella. Que la única persona en el mundo que lo entendía fuera una puta.

- Estás loca si estás enamorada de alguien como yo. No te convengo.
- A mi me da igual que no me convengas. Yo solo quiero estar contigo.
- Te voy a herir –dijo, quitándose el agua de su frente.
- Por ti me dejaría herir una y mil veces.

Qué tonto era decir que te dejarías herir por alguien una y mil veces. Eso no es ser sincero y mucho menos inteligente.
- Estás tonta, de verdad. Será mejor que dejemos de vernos.

Sólo pensar que no le volvería a ver le rompía el corazón.

- No. Yo te quiero ver todos los días de mi vida. Todos, sin excepción. - Todos los días de tu vida son muchos. - Ya, pero no me importa. No me importa porque te quiero. Porque estoy enamorada de ti. Porque me haces querer ser mejor persona. Yo siempre pensé que enamorarse era… pues una cicatriz del destino. Y tú eres mi cicatriz preferida.

El chico hizo ver que pensaba algo pero en realidad no pensaba nada. La miró, se acercó y la besó muy ligeramente en los labios. Ella cogió su muñeca y lo separó.

- ¿Qué significa esto? –preguntó la muchacha.
- Quiero que seas la cicatriz más grande de mi vida.

Volvieron a besarse, esta vez con más intensidad y ganas. Y con más amor. Al fin y al cabo, quererse, es solo otra manera de decir adiós.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Abril del 97

Qué jodidamente difícil es enamorarse. Lo pasas mal. Demasiado mal. Pero, aunque intentes por todos los medios dejar de querer a esa persona, aunque muevas cielo y tierra para conseguirlo, aunque pagues para que te borren la mente, el corazón te sigue latiendo rápido cada vez que ves a esa persona. Y duele también.

Josh no sabía eso. No lo sabía hasta que notó que temblaba cuando ella pasaba por su lado. Caroline tenía el pelo despeinado. Iba casi siempre vestida de negro. Amaba tocar el piano. Le gustaba correr debajo de la lluvia.

Se conocieron de casualidad. Se hicieron amigos. Y se enamoraron.

No era su intención. A veces se sentían malas personas. Discutían por nada. Pero se querían tanto que verse a una distancia de tres metros era suficiente como para entender que lo sentían, y que, si podían, se comerían la boca allí mismo. Qué simple. Qué fácil es todo cuando te impulsas por lo que te dice el corazón. Qué tontería más grande.

Eran tan felices que el mundo no les importaba. No demasiado. Cuando estaban juntos todo era un vaivén de caricias, una feria de besos, una persecución de abrazos. Cuando estaban juntos todo se paraba.

Sonaba Hey Jude y ellos no podían estar más juntos. Sus manos entrelazadas eran la envidia de todo el local, haciendo que miradas curiosas sonrieran al ver a dos personas tan enamoradas. Todos bailando, ellos parados. Mirándose directamente a los ojos, sin pronunciar palabra. Sólo eso. Y de fondo “And anytime you feel the pain, hey jude, refrain, don’t carry the world upon your shoulders.”

Ella le susurró en la oreja y él sintió un escalofrío. Maldita sea, se adoraban. Qué más daba todo cuando lo único que tienes es amor. Qué más da que pase un huracán y lo arrase todo si cuando llega la calma tú estás abrazada a él.

Todo lo bueno tiene un final. Ella tenía que irse de la ciudad. Sus padres se tenían que ir a Boston a cuidar de la abuela de Caroline y ella, por supuesto, tenía que irse con ellos. Y no quería. Lógico, entendible. El corazón mandaba.

Josh no se lo tomó bien.

No hablaron en dos días. A ella se le hicieron eternos.

A él también.

A las 12 de la noche del 17 de agosto Josh fue a la casa de Caroline. Tiró unas cuantas piedras a su ventana y ella salió en seguida. Se reconciliaron con solo mirarse. Ella bajó rápidamente y le miró, se acercó lentamente y juntaron sus labios en un beso lento.

-Voy a irme contigo a Boston –dijo luciendo una sonrisa.

Ella puso una mueca de no entender nada.

-¿Qué? ¿Cómo? Estás loco Josh… -lo abrazó y le empezó a tocar el pelo.
-Me voy contigo. Mi vida eres tú, Carol. Si tu no estás…¿entonces yo para qué valgo?

Odiaban los silencios incómodos.

-Te necesitan aquí –sonrió falsamente- no puedes venirte conmigo.
-Pero es que yo no soy yo si tú no estás aquí.

Ante un momento de pánico ella reaccionó.

-Mañana nos vamos, amor. Te extrañaré de una manera terrible.

Shock del chico. Y ella no se lo había dicho hasta la noche antes. ¿Pretendía irse sin decirle nada? ¿Se iba a mudar sin decirle adiós? ¿Le iba a hacer semejante daño?

-Que si, Carol. Que me voy contigo.
-No puedes venir… -Josh le miró con cara de gato- no quiero que vengas.

Se le quebró un poco el corazón.

-No puedes dejarlo todo por un amor como el nuestro –dijo ella. -Es sincero, eso vale.
-No vamos a derrotar al mundo porque nos queramos. Deberías saberlo ya.
-Nos ha derrotado ya muchas veces. Me voy contigo, que si.
-Josh, que no quiero que vengas. ¿No lo entiendes? Tú ahí no tienes nada, malgastarías tu vida por mí. ¿Y si al llegar ahí cortamos? ¿Cómo vas a volver entonces?
-Volveré. No importa cómo. No lo dejaremos nunca.

Ella sonrió pero se puso triste a la vez.

-Es bonito jugar a esto pero sabemos que no es verdad. Que cualquier cosa que nos une nos separa también. Que esto no va a durar para siempre.

Caroline le dio un beso en la mejilla, le abrazó y subió a su casa. Y entonces él, derrotado, se fue a su casa. Cogió el whisky y se emborrachó. Nunca antes lo había hecho. Maldita sea la primavera en la que se enamoró, en la que sintió la felicidad más absoluta, en la que le partieron el corazón. Maldita sea el día en que probó por última vez sus labios.

La única verdad que recordó al despertarse al día siguiente fue que Boston es para los cobardes.

domingo, 23 de agosto de 2009

Hace poco vi un girasol por primera vez...

...y desde entonces son mis flores favoritas.
Demasiadas horas de coche. Todas sin ti, por supuesto. Ruge el motor y no puedo evitar pensar en que pasaría si me enamorara otra vez. Todo sería diferente. Sucederían las cosas de una manera distinta, discreta. Me gustaría verte cada día. A todas horas. Nunca me cansaría de ti. Abril sería mas humedo, como tus ojos. En octubre saldríamos por la calle cuando no hubiera nadie y estuviera lloviendo. Solos. Cogidos de la mano. Y sin dejar de sonreír. En agosto nos iríamos a una playa en la que solo hiciera frío. Y entonces sacaríamos mi cometa y la volaríamos un rato juntos. Reiríamos como locos viendo como nuestro pelo está revuelto. Nos dolería la tripa de tanto ser feliz. En enero iríamos a pasear a los perros durante horas, esperando a que la tarde se hiciera noche. Y nos miraríamos a los ojos, y comprenderíamos que la vida es el otro, aquí y ahora. Y para siempre. En diciembre estaríamos tocando el piano. Y yo te mostraría entusiasmada todas las canciones que he compuesto para ti. Y entonces tu me cogerías la mano y yo me sentiría la chica mas segura del mundo. Y te besaría la nariz. En marzo saldríamos con las bicicletas a dar vueltas por el mundo. Tu delante, para guiarme. No habría ningun guía mejor que tu, te lo aseguro. Y pararíamos solo cuando viéramos que el sol se está a punto de ocultar, creyendo que queda poco para que sea otoño. En junio me leerías tus historias, tus cuentos, tus escritos. Me deleitarías con tus sonrisas. Me haría esclava de tus abrazos. Nos iríamos a la parte mas alejada solo para ver el sol salir. En septiembre nos diríamos a todas horas lo mucho que nos queremos. Y lo difícil que sería continuar si no estuvieramos juntos. No importaría que se hiciera de noche cada vez mas rapido, porque, al fin y al cabo, nos iluminaríamos el uno al otro. Y no hay mejor sensacion que esa. En mayo llorarías porque no eras tan perfecto como pensabas. Y yo te susurraría una y mil veces al oído "quiero que seas mi fin del mundo". En febrero nos escribiríamos cartas, jugarías con mis dedos, nos haríamos complices de todo. Nos miraríamos clandestinamente una y otra vez. En noviembre estaríamos horas y horas llamando a puertas para que nos ayudaran a recolectar juguetes y alimentos para la gente que, al mes siguiente, lo sintieran como si solo fuera uno mas. Y entre tanto nos miraríamos y comprenderíamos cuan bonito es hacer todo eso. Y lo muy gratificante que eso resulta. Y en cada sonrisa, una emocion. Y tu serías todas mis emociones. Y noviembre sería mas largo, para que pudiera pasar mas días contigo. En julio iríamos a la piscina de noche, para que todo el mundo se diera cuenta de que nosotros íbamos al reves del mundo, y que estabamos felices solo por eso. Y entonces, despues de cada baño, yo te diría lo bien que compones canciones y tu te sonrojarías. Pero es que ya ha pasado un año y no ha pasado nada de todo eso. Y yo solo espero que te des cuenta de lo maravilloso que trescientos sesenta y cinco dias pueden ser. Y lo bien que lo pasariamos si estuvieramos juntos. Pero los años pasan... y tu no estas.

martes, 11 de agosto de 2009

Everytime♥

Respiró fuertemente y comprendió que todo había cambiado. Y que ella no había estado ahí con él. Y que tampoco se sentía mal por ello. Al fin y al cabo, cuentan, girar la mirada es lo mismo que no querer oír una mentira, lo mismo que quedarte quieto en medio de una autopista, lo mismo que arrancarte el corazón. Lo miró a los ojos una vez más y volvió a enamorarse de él otra vez. No necesitó ni treinta segundos. Miró al suelo y pensó que tal vez volverse a enamorar de él no era tan malo. Ya habían pasado demasiados años separados.

- Te he echado de menos.

La voz del chico sonó tremendamente frágil.

- Me fui porque tú me lo pediste. Nunca pretendí molestarte. Lo sabes.
- Nunca te dije que te fueras.
- Me lo pedías con la mirada y sabes que nunca quise que estuvieras mal y mucho menos por mi culpa.
- Entonces es que no sabías interpretar mis miradas.

Hizo una mueca y se lo dijo.

- Tú sabes bien que yo soy la única que he sabido hacerlo.
- Te olvidaste de mi cuando empezaste a salir con él… y yo no quería molestarte. No quería que dejaras de sonreír.

Y ella comenzó a entenderlo todo.

- Empecé a salir con él porque tú ni tan siquiera me mirabas ya. Estabas demasiado ocupado jugando con todas esas chicas… y yo ya me había cansado de esperarte.

Se oyó un trueno a lo lejos. Retumbó en sus oídos.

- Siempre fuiste así ¿eh? –rió al mismo tiempo que se sentaba en el suelo.
- Habría apostado mi mundo por ti. Tú nunca lo entendiste.
- Es que no lo entiendes. Éramos amigos pero no nos contábamos nada.
- Que a mi me da igual ¿sabes? A mi ya no me importaba quién te gustaba y quien no. Con quién estabas y con quién te besabas. Estabas rompiendo mi mundo y yo solo estorbaba ahí. Y preferí irme…

Qué mal día para aclarar sentimientos.

- Te fuiste porque fuiste una cobarde. Porque nunca te atreviste a decir lo que pensabas.
- Y tú que sabes de lo que yo pensaba.
- Sabía mucho más de lo alguna vez has podido imaginar.
- Estás loco.
- Estabas enamorada de mí.

Un silencio desagradable.

- Ahm… sí, lo estaba.
- Y tú nunca lo me dijiste…
- Solo habría empeorado las cosas… fue lo mejor.

El momento se presentaba trágico y de fondo solo se oía el mar. Y alguna gaviota.

- Siempre fuiste tan cabezota. No hubieras empeorado nuestra amistad.
- ¡Claro que lo hubiera empeorado! Porque tú estabas demasiado ocupado en ti mismo como para preocuparte un poquito por mí. Porque para ti valía más cualquier chica guapa que tu mejor amiga. Porque, definitivamente, yo no estaba hecha para estar a tu lado en esos momentos. Bueno, ni en esos ni en estos… simplemente encajamos como amigos. Y no sabes la de veces que intenté desenamorarme de ti, ni las veces que lloré porque estabas en mi cabeza y no te podía sacar… ¡NO! Tú no lo sabes porque nunca me miraste de la forma en que yo te miraba a ti. ¡Nunca!

¿Por qué es tan difícil caerte una vez más cuando te has levantado mil veces? Y aunque no quisiera su corazón estaba volviendo a latir. Y que era por él…

" because everytime I try to fly I fall, without my wings I feel so small..."

domingo, 26 de julio de 2009

Mírame (estoy delante de ti)

Supuso una decisión dura el dejarte solo en esa estación de tren. No me resultó agradable verte allí quieto, sin saber a donde mirar. Tampoco me gustó aceptar que no te vería nunca más, pero supongo que era lo mejor.

Era agradable sentir como me rozabas las muñecas y yo me estremecía.

El viaje en coche se hizo eterno y yo solo tenía ganas de llegar para tumbarme en la cama e intentar no pensar en ti.

Dibujaste mil caras sonrientes pero te morías por dentro cuando la veías con él.

Lo único que me arrancó un intento de sonrisa fue ver a los dos gatos durmiendo abrazados. Siempre entendí que eran inseparables y yo solo pretendí que tú y yo lo fuéramos también.

Recuerdo el día que escuché el latido de tu corazón. Algo maravilloso.

Si lo piensas también tampoco era tan difícil pues tú y yo siempre fuimos muy parecidos… solo que yo quería ir al norte y tú morías por ir al sur.

Es estúpido pensar que debías ser el primero en saberlo.

Empezó a llover y me acerqué a la ventana para comprobarlo. Siempre me decías que era tremendamente desconfiada, pero sabes bien que en ti siempre confié.

Pensaste que lo mejor era olvidarte de ella.

Me senté en una posición en la que podía ver en primer plano las gotas chocando contra el balcón y contra la calle. Yo me sentía así, solo que sentía que las gotas me atravesaban…

Era divertido jugar a que eras el dueño del mundo y sonreír todo el rato.

Dejé caer una de mis manos por uno de los reposa manos de la silla y noté que Mine apretaba su cabeza contra ella. Adoraba tocar su tacto suave y saber que él siempre estaría ahí. Esperando a levantarme si me caía.

Fue decepcionante tenerte delante y que no salieran las palabras que te quería decir.

Con un pequeño salto estaba en mi regazo. La lluvia seguía cayendo. Mine me miró a los ojos y comprendí que no tenía que culparme por lo que había sucedido.

Enredarme en tus rizos me parecía hasta gracioso.

Un rayo se hizo paso entre el día gris y dejé ver una pequeña sonrisa sincera. Una de esas sonrisas que solo él sabía sacarme.

Perdiste la dirección correcta en cuanto te dije que te quería.

Era irónico pensar que hacía solo tres horas tú estabas en la misma habitación que yo. Y era irónico pensar que estábamos mirando por la misma ventana pero que hacía sol.

Sabes que estaré aquí siempre. Y ya sé que siempre es mucho tiempo.

Con un rápido movimiento de muñeca me saqué la lágrima que estaba ahora recorriendo mi mejilla. Me mordí los puños del jersey y pensé que lo mejor sería dormir.

Porque aun cuando hace frío no tiemblo. Y eso es porque estás conmigo.

Me tumbe en la cama rápidamente y cerré los ojos. Pensé que tal vez lo mejor que podía hacer era no pensar. Qué ilógico y contradictorio. Pero era la verdad. Nunca en mi vida imaginé poder querer tanto a alguien… por lo visto a ti también te pasó, pero con otra persona. Fue como un asesinato del corazón. Como un golpe bajo.
Definitivamente había aprendido que normalmente, si entregas algo a alguien tan importante como el corazón, hay un millón de posibilidades de que te lo devuelva roto. Hay quienes tienen fe. Otros cabeza. Yo solo diré que te quería. Que te hubiera dado el corazón en cualquier momento, independientemente de las tormentas y los ataques de celos.



Olvidarte me resultó mucho más fácil de lo que imaginé. Ya no te odiaba. Ni tan siquiera te pensaba. Habías desaparecido de mi vida. Claro, que tú me olvidaste mucho antes. Me olvidaste incluso cuando me tenías delante de ti. Qué estúpido ¿no?

El día que piense en ti ni tan siquiera recordaré el daño que me hiciste. Fue insignificante comparado con el que te hice yo a ti.

miércoles, 8 de julio de 2009

Por todo. Por nada. Y por ti.

Era extraño pensar que en algún lugar del mundo podría encontrar a mi mejor amigo. Porque eso es todo. Siempre he tenido -y sigo teniendo- la teoría de que a las mejores personas las encuentras sin buscarlas y que, muy a menudo, están mucho más cerca de lo que te piensas, solo que no te percatas de su presencia. Y entonces, solo entonces, las descubres. Y te empiezan a robar. Sonrisas, minutos. Tardes, semanas. Y te acaban robando una vida entera (o un trozo de tu vida).

Y tú, lo único que puedes hacer, es dar las gracias a esa persona por estar ahí siempre. Por apostar por ti. Por no flaquear. Por cogerte de la mano cuando te estás cayendo al vacío. Por sonreírte aún cuando no te lo merezcas. Por creer en ti. Por quererte -aunque solo sea un poco.- Por abrazarte cuando hace frío. Por formar parte de tu vida y punto.

Apliquemos el "... ¿y si?" a la vida de una amistad. Y si. Y si. Y si. ¿Y si confiáramos más en los otros? ¿Y si diéramos más las gracias? ¿Y si todo fuera más sencillo?

Creo que no tengo ganas de decir nada, pero a la vez tengo ganas de decirlo todo. Necesito darte las gracias. Por todo. Tú ya sabes porqué. Creo que es fácil adivinarlo.

Últimamente el tiempo temblaba y yo solo sacudía tus ideas. Mataría por hacerlo una vez más.

lunes, 29 de junio de 2009

Mentiras a medias (Segunda parte)

Tú aun estás tocando el piano cuando ella se va. Y entonces respiras aliviado. Cierras los ojos y sigues deslizando tus dedos lentamente por cada tecla, disfrutando de cada sonido. Los oyes, los sientes. Dejas de tocar el piano en cuanto el reloj marca las doce de la mañana, para entonces tú ya estás con las llaves en la mano y la bufanda al cuello. Abres la puerta y sales. La cierras. Bajas las escaleras pensando en los aviones que deben estar despegando ahora mismo. Sales del portal de tu casa, sonríes amablemente al señor que vende el periódico delante de tu casa. Andas. Andas lento, disfrutas del aire que choca contra tu cara. Es como si te clavaran mil agujas, aun así te gusta. Lo disfrutas. Sigues andando cuando de repente un niño se te cruza y recuerdas que tú también fuiste así algún día. Alguien sin preocupaciones. Le sonríes mientras le recoges la pelota roja que se le ha caído a la carretera. Maldita sea, te duelen los huesos. El niño te sonríe y tú te das por pagado, además sigues tu camino. Miras el reloj, son las doce y doce minutos. Queda poco, doblas una esquina y ves el café. El mismo café de siempre, al que vas cada día. Entras por la puerta al mismo tiempo que te estás quitando la bufanda. Miras tu reloj, las doce y catorce. Y cuarenta segundos. A tiempo –como siempre-. Me miras y te acercas. Primero, pero, saludas al camarero. Acercas tus pasos hasta que te estás sentado en frente de mí. Me miras un rato, siempre lo haces. Después te acercas y posas tus labios en mi mejilla izquierda.

- Estás preciosa.

Me sonrojo. Otro día igual. Todos son así. Te diré que me gustan, porque es verdad. Pero yo ya me he cansado. Es solo que… te quiero demasiado. No puedo verte solo tres horas al día, es superior a mis fuerzas. Te hago salir del local y hago que te sientes en el banco de delante del café. Me miras extrañado porque no sabes que me pasa.

- Cariño –digo mientras te rozo la cara con mis dedos- lo siento.
- ¿Por qué? –me dice- ¿qué te pasa? –busca una explicación.
- ¿Sabes? Hay dos tipos de hombres… los que te quieren y lo dejan todo por ti y los que solo te quieren…

El hombre bajó la mirada al suelo y tosió.

- ¿De cuál eres tú? –le levanto la cara y le miro a los ojos.
- Ehh… ¿a qué viene esto? –me pregunta.
- Lo siento. No puedo seguir mirando a mi marido a la cara mientras me estoy viendo contigo todos los días. ¡Todos los días, joder! No puedo estar en mi casa mirando a mi hijo y no sentirme culpable por estar engañándolos (sabes lo mal qué lo ha pasado él con su novia…para él es duro estar en casa otra vez) . Dime que me quieres…
- Lo sabes.
- Dejémoslo todo –le invito- vayámonos lejos de aquí.

No me responde.

- Por favor –le suplico en un susurro.

El hombre se levanta con su paraguas en la mano. Le imito.

- Mira –dice cogiéndome de las muñecas suavemente- esto ya lo dejamos muy claro. Era un lío, y quedamos en que nunca sería más que eso.
- ¿Para ti 15 años son un lío? ¿Me lo estás diciendo en serio?
- Lo dejamos todo claro ¡joder! ¿Por qué me saltas con esto ahora?
- No puedo mirarle a los ojos… ¿sabes lo que es eso? –él niega con la cabeza- puede que tú quieras a tu mujer y es lógico, yo quiero a mi marido. Pero no sé como puedes mirarla a la cara después de estar conmigo cada día. No sé como puedes besarla y no sentirte culpable.
- ¿Sabes por qué no me siento culpable? –ahora niego yo – porque yo hice una promesa y la cumplo. Porque prometimos no querernos como algo más que “amigos”. ¿Sabes por qué? Porque yo adoro a mi mujer, y no voy a dejarla. Nunca. ¿Me has oído? Nunca.

Lloro un poco pero lo disimulo.

- Eres un cabrón –ataco.
- Ah, perdón… ¿soy un cabrón porque no te digo que te quiero tanto como tu a mi y que no voy a dejar a tu mujer porque tu no quieras engañar a tu marido? Lo siento pero no. Yo lo llamo honestidad.
- Y yo cobardía.
- Fuiste tu la cobarde que venía a mis brazos cada noche porque su marido estaba de viaje ¿olvidaste esto?
- Eres un hijo de puta. Me has estado utilizando.
- Eh perdona. Aquí nos hemos utilizados los dos. Nos hemos gastado. Pero era un juego y yo creía que lo sabías…
- ¿Nunca me has querido? De verdad, me refiero… -pregunto temblando.

El pensó unos instantes.

- No. –suena duro y frío.
- Creo que no hace falta que nos veamos –saco unos billetes del bolsillo-. ¿Sabes? –niega con la cabeza- tenía pensado que tal vez si me decías que me querías nos podíamos ir juntos a Laponia, pero veo que no entra en tus planes. Toma –digo mientras le acerco su billete- el avión sale a las 5.

El niega con la cabeza una y otra vez. Le miro con cara de compasión y él no me dice nada.

- Me he equivocado tantas veces –le digo- y creo que aun no me he dado cuenta, por supuesto.

Le vuelvo a mirar con ojos de gata y se gira para marcharse. Le cojo de un brazo y le vuelvo a encara a mi.

- Gracias de todos modos.

Me giro y empiezo a andar cuando le oigo hablar. La gente pasa entre nosotros y empieza a nevar.

- Te esperaré en este café todos los días a la misma hora.
- No vendré –vacilo.
- Te esperaré igualmente.
- Si pensaras un poco menos en ti vendrías conmigo –digo enfadada.
- Si fueras un poco menos egoísta entenderías que no me puedo ir.

Seguidamente se da la vuelta y se empieza a marchar. Hago lo mismo de siempre. Me quedo mirándolo, y cuando, se confunde entre la gente, sonrío y meto las manos en los bolsillos.

* * *

Ella se fue a Laponia esa misma tarde y él la esperó en ese café todas las tardes. Nunca volvieron a hablar, ni siquiera por teléfono. Sin embargo, él seguía sonriendo cada vez que salía del local. Y entonces, solo, encaminaba la ruta que seguía con ella todos los días y llegaba al almacén. Sacaba la llave. Encendía la luz, miraba girar el carrusel unos cuantos minutos. Seguidamente se tumbaba en la cama. Tres horas más tarde salía de ahí, apagando la luz y cerrando la puerta. Y volvía a su casa. Lo hizo durante más de tres años. El 7 de octubre de 1989 no vino. Entendí, entonces, que había muerto. Pero que no había parado de esperarla ni un solo día de su vida. En realidad la quería… pero nunca se lo dijo. Fue demasiado cobarde. Ella se lo habría dicho a la cara.

Atentamente: La chica que dibujaba círculos en el aire y tocaba el piano en sus ratos libres.

lunes, 22 de junio de 2009

Mentiras a medias (Primera parte)

Mentir es demasiado fácil. Quiero decir, mentirte me resulta demasiado sencillo, amor. No sé porqué. Podría decirte que no, pero te estaría mintiendo otra vez. Es como un círculo (que gira y gira y por mucho que quieras saltar nunca lo vas a hacer, y lo sabes). Tú aun estás tocando el piano cuando ella se va. Y entonces respiras aliviado. Cierras los ojos y sigues deslizando tus dedos lentamente por cada tecla, disfrutando de cada sonido. Los oyes, los sientes. Dejas de tocar el piano en cuanto el reloj marca las doce de la mañana, para entonces tú ya estás con las llaves en la mano y la bufanda al cuello. Abres la puerta y sales. La cierras. Bajas las escaleras pensando en los aviones que deben estar despegando ahora mismo.

Sales del portal de tu casa, sonríes amablemente al señor que vende el periódico delante de tu casa. Andas. Andas lento, disfrutas del aire que choca contra tu cara. Es como si te clavaran mil agujas, aun así te gusta. Lo disfrutas. Sigues andando cuando de repente un niño se te cruza y recuerdas que tú también fuiste así algún día. Alguien sin preocupaciones. Le sonríes mientras le recoges la pelota roja que se le ha caído a la carretera. Maldita sea, te duelen los huesos. El niño te sonríe y tú te das por pagado, además sigues tu camino.

Miras el reloj, son las doce y doce minutos. Queda poco, doblas una esquina y ves el café. El mismo café de siempre, al que vas cada día. Entras por la puerta al mismo tiempo que te estás quitando la bufanda. Miras tu reloj, las doce y catorce. Y cuarenta segundos. A tiempo –como siempre-. Me miras y te acercas. Primero, pero, saludas al camarero. Acercas tus pasos hasta que te estás sentado en frente de mí. Me miras un rato, siempre lo haces. Después te acercas y posas tus labios en mi mejilla izquierda.

- Estás preciosa.

Me sonrojo, como siempre. Nunca me voy a acostumbrar a que me digas esas cosas, ya lo sabes. El camarero viene y anota lo que pedimos. Un te verde para mi, un café con leche para ti. Nos miramos a los ojos. Nuestra conversación de todos los días vuelve a empezar.

- Gracias –respondo, con una amplia sonrisa en mi cara y las mejillas rojizas -¿dónde ha ido ella hoy?
- Al hospital de niños, a ayudarlos –me contesta, mientras juguetea con mis dedos por encima de la mesa.
- Es maravillosa –contesto.
- La verdad es que la adoro. La quiero.

Me callo porque tampoco sé que decirte, por alguna extraña razón hay veces en que, sin quererlo, llegamos a un punto muerto de la conversación y entonces creo que el mundo se para y que tú estás lejos de mi. Pero entonces me rozas las mejillas con tus manos y entiendo que tú estás aquí, a mi lado. El camarero nos deja las cosas en la mesa pero tú sigues con tus manos en mi cara y yo con mis ojos en tus ojos. Estamos felices.

Nos damos cuenta de que tenemos las cosas en la mesa cuando tu giras un momento la cara para mirarte los zapatos. Los llevas desabrochados (otra vez). Nos tomamos las bebidas mientras seguimos hablando de tus hijos. A la una en punta salimos del café. Me coges de la mano y suspiró aliviada. Seguimos andando por la ancha avenida y giramos a la izquierda. Ya sabes, ahí está nuestro sitio. Me aprietas la mano y respiras fuerte. Para cuando te quieres dar cuenta ya estamos ahí. Te agachas para coger las llaves debajo de la alfombrilla. Abres la puerta del pequeño almacén y nos damos cuenta de que cada día está más sucio. Abres la puerta haciendo una presión considerable y te adelantas tú, para encender las luces. Ahí está. Justo en el momento en que has encendido la electricidad ha empezado a dar vueltas con esa música. La compusiste para mí y aun me sigo estremeciendo cada vez que la escucho.

Me tiendes la mano para que te la coja y me ayudas a subir al tercer caballo. Cuando estoy arriba me dices que ojalá todo fuera siempre así y yo vuelvo a estremecerme con tus palabras. Y todo empieza a girar. Cierro los ojos mientras apoyo mis manos en la cabeza del caballo. Damos unas vueltas… supongo que he estado dando vueltas unos cinco minutos. Lo paras y me tiendes una mano para ayudarme a bajar, se me escucha decir gracias. Después nos tumbamos en esa vieja cama de matrimonio y solo está encendida una pequeña lamparita al lado de ésta. Nos quedamos mirando cara a cara y tú estás jugando con mi pelo. Adoro que hagas eso, no lo sabes todavía. Después bajas tus manos hasta que encuentras mis manos y comenzamos a entrelazar nuestros dedos. Jugamos a eso, se nos pasa el tiempo volando. Estamos así tres horas. Tres horas enteras. Pero me saben a poco…

Miras tu reloj. Seguidamente me miras, me das un ligero beso en los labios. He entendido, entonces, que es hora de irnos. Me levanto haciendo algunos esfuerzos y me pongo la chaqueta que me he quitado horas atrás. Miro el carrusel por última vez y suspiro. ¿Aun te acuerdas? Me lo regalaste cuando cumplimos diez años de estar juntos… y yo entonces era simplemente tan feliz. Lo que más me gustó, y lo sabes, es que lo construiste tu solo. Sin ayuda de nadie. Solo para mí. Te quiero.

- ¿Nos vamos?

Dices eso mientras me lo susurras a la oreja y yo te miento diciéndote un “cuando quieras” pero sabes bien que me quedaría contigo ahí toda una vida. Nos volvemos a coger de la mano y tú cierras las luces y cierras la puerta con llave. La dejas donde siempre. La llevamos dejando ahí durante más de 120 meses. Durante más de 3650 días (y aun me sigue haciendo la misma ilusión levantar la alfombrilla y ver que está ahí). El frío de la calle nos congela enteros. Al llegar al final de la esquina me encaras hacia a ti y te me quedas mirando. Sonríes.

- Hasta mañana, cariño. – me dice.
- No creo que pueda aguantar –digo mientras me muerdo el labio inferior.
- Hazlo por mí… -juega con mis manos y el frío desaparece.

Le sonrío aun sabiendo que le podría comer ahí mismo. Me lo ve en la cara, se lo percibo. Me levanta la cara y me vuelve a besar en los labios. Es un roce. Sólo un roce. Entonces se aprieta los botones de la chaqueta y me dice adiós. Yo me quedo observándole un buen rato hasta que desaparece entre la multitud y entonces suspiro, río y me doy la vuelta. Meto mis manos en los bolsillos para resguardarme del frío y me voy hacia mi casa.

Ando y me confundo entre la gente. Giro la cara cuando me doy cuenta de que estoy delante de la puerta de mi hogar. Entro en casa y mi hijo pequeño se me tira encima. Ha aprobado el examen de música. Le abrazo. Dejo mi bolso en la entrada y mi marido me recibe con un efusivo beso y un abrazo gigante. Para cuando entro en el salón la comida ya se me han quitado las ganas de comer.

- Cariño –digo jugando con su corbata- voy a tumbarme que me encuentro mal.

martes, 16 de junio de 2009

Es evidente que no sabes qué decir

No se lo digas a nadie, pero, a veces, sin querer, imagino que todo sería más sencillo si obligaran a todo el mundo a sonreír (y a ser feliz). Sería el plan perfecto. Puedo decirte muchas cosas, y seguramente todas ellas serían ciertas pero tu me descubrirías porque eres la persona más inteligente (y a la vez ingenua) que conozco. Eres como una bombilla, solo que tú te apagas cuando quieres.

Hubo un día en que creí que nada podía ser más perfecto. Eso si que fué ser ingenua y yo sin embargo seguí ahí, gritando que aun creía en tí. Y lo grité fuerte -pero tu no lo escuchaste o no lo querías escuchar-. No te dolerá ésta vez.
Creo sinceramente en que el día que te quieras dar cuenta de todo lo que has hecho (mal) será demasiado tarde porque habrá llovido tanto desde entonces que ya nadie recordará lo que has hecho, pero tampoco se acordarán de tí. Eso si que será triste y yo no me reiré (sé que te va a doler). Hiciste mal cuando tiraste tu guitarra; era la única que estaba contigo en las malas y en las peores.
Abandonaste este sitio haciéndote pasar por un bohemio al que no le gustaban los pueblos pequeños pero sabes que te hubieras quedado a vivir allí toda la vida si no fuera por aquella tal Marina. Aunque sabes casi tan bien como yo que olvidaste su nombre tan rápido como olvidaste el mío.

sábado, 6 de junio de 2009

It's too late to apologize (parte III de III)

* * *

Rozó la comisura de mis labios y se deslizó entre mis ojos. Tuve ganas de frenarle pero no lo hice. Estaba feliz. Me había llevado a San José, a su muelle. Me lo regaló. No me lo regaló en plan comprarlo, si no en plan…

- Este es mi lugar favorito desde los 7 años –agregó.
- ¿Y me lo regalas? Kevin… ¿Por qué a mí?
- ¿Por qué a ti? –rió y me miró a los ojos- porque me has devuelto las ganas de querer. Porque has posado en mi toda la tranquilidad, y a la vez energía, que nunca he tenido. Porque me has demostrado que te importo, y eso me hace feliz. Porque te mereces mucho más, pero esto me parecía más estúpidamente romántico. Porque en r..
- Calla –puse uno de mis dedos en su boca, evitando que hablara.- esto es estúpidamente fantástico. Y yo te quiero, Kevin. Te quiero. Y adoro que me hayas regalado este lugar, pero te adoro más a ti.
- Vale, esto me parece, ahora, estúpidamente parecido a todas las películas románticas que he visto contigo.
- Solo que ahora somos nosotros los protagonistas –agregué- y no lo cambiaría por nada del mundo.

* * *

Una tarde me envió un mensaje. Me citó en “nuestra” calle. Llegué allí unos diez minutos antes, pero él ya me estaba esperando, y no lo entendía, la puntualidad era algo raro en él. Y miré su cara, y supe predecir lo que pasaría, solo que no quería saberlo porque sabía que era algo malo.

* * *

- Naye… has venido –soltó Kevin.
- ¿No me has citado? Aquí estoy –me acerqué a él para besarle, pero se apartó-. ¿Qué pasa? –dije, extrañada.
- Verás –se frotó la cara con las dos manos, ni me miraba a los ojos- tenemos que dejar esto.
- Define “esto” –dije.
- Nuestra relación. Lo siento mucho pero…
- … ¿Pero?
- No te convengo. Me iré de esta ciudad, me alejaré de ti. Me duele, cariño… -dijo- pero me tengo que ir.
- Yo –interviné.
- No intentes entenderlo –me cortó- no lo entiendo ni yo. Me cogió las manos –solo recuerda una cosa… Te quiero.

* * *
¿Qué tipo de despedida era esa? Y tenía el morro de decirme que no intentara entenderlo. El timbre sonó y anduve apresuradamente para mirar quien era. Antes de que mirara la puerta se estaba abriendo. Solo él tenía llaves.

- ¿Kevin? –dije extrañada. Allí estaba, con su pelo revuelto y su sonrisa tímida.
- Naye…
- ¿Qué haces aquí? –dije… no sé lo que se pensaba.
- Te echaba de menos.
- ¿Qué me echabas de menos dices? Tu qué eres ¿gilipollas? –agregué.
- ¿Cómo? –preguntó, como si no supiera de que le hablara.
- Me citas y me dices que me dejas. Te vas de la ciudad y no coges el teléfono, no contestas a ninguna de mis llamadas. Dejas a tus padres sin ninguna explicación y ahora me dices que me echabas de menos. ¿Qué te crees que soy? ¿Un juego? –me giré, pero él me agarró de la muñeca y me encaró hacia él.
- Eh –acercó su cara a la mía- lo siento ¿vale? Era mejor que me fuera… al menos durante un tiempo. No sabes lo duro que esto ha sido para mí.
- ¿Y para mi qué te crees que ha sido? –dije.
- Lo siento. De veras, no sabes cuanto –dijo tiernamente.
- A mi ya no me valen los “lo siento” ni tus caras. Ni tus sonrisas. Kevin, vete – se me quedó mirando, le giré la mirada.
- ¿Lo dices en serio?
- Kevin –intenté que me dejara las muñecas- no te quiero volver a ver nunca.

Se acercó a mí y se me quedó mirando. Eso me calmó más que cualquier pastilla. Se me quedó mirando y empezó a temblar.

- Tienes ganas de besarme –dijo él.
- No es cierto, y, además, acabarás haciéndolo tu primero –contesté.
Nos besamos y reí. No sé por qué se fue, tampoco sé por qué volvió. Solo sé que con él he vuelto a sonreír, y que mis castillos de naipes se desmoronan si me vuelve a decir adiós.

* * *

- Apuesto a que adivinas por qué tiemblo.
- ¿Tienes frío?
- No. Es solo que… te quiero demasiado.


* * *

FIN.